Casos de Éxito

Viuda de Steve Jobs, y la mayor accionista individual de The Walt Disney Company


Al igual que su fallecido esposo, quien solo aparecía en público para presentar las novedades de Apple, a Laurene Powel Jobs (06/11/1963) no le entusiasma la idea de ser una figura pública. Pero con una fortuna de 16.700 millones de dólares, según Forbes, provenientes del trabajo del hombre que cambió la forma como se relacionan los seres humanos, es imposible que pase inadvertida.

Al morir, en 2011, víctima de cáncer en el páncreas, Jobs le dejó casi todos sus bienes a la que fue su esposa por 20 años. Así se convirtió en una de las 50 personas más acaudaladas del mundo y la sexta mujer en esa categoría, superada solo por Liliane Bettencourt, una de las mayores accionistas de L’Oréal; Alice Walton, heredera de las tiendas Wal-Mart; Jacqueline Mars, del emporio de productos alimenticios Mars; Maria Franca Fissolo, dueña de la firma de golosinas Ferrero SpA; y Susanne Klatten, heredera de la fabricante de autos BMW.

Se podría creer que la mayor parte del patrimonio proviene de Apple pero no es así, de acuerdo con un informe de Business Insider. Steve Jobs, con cuya guía la empresa marcó un hito en el campo de los ordenadores personales e introdujo dispositivos digitales como el iPod, el iPhone o el iPad, le dejó a Laurene un paquete de acciones que hoy ascienden a 560 millones de dólares, suma exigua frente a los 65.000 millones de dólares que valdría hoy el 11% de las acciones que poseía en 1985, cuando la compañía lo echó y Jobs vendió esa participación.

Business Insider y Forbes aseguran que el grueso de la fortuna de Laurene reposa en el 7,8% que posee en Walt Disney Company, en la cual es la mayor accionista individual. Steve Jobs se hizo a estos títulos tras vender su estudio de animación Pixar a Disney en 2006, cuando valían 7.400 millones de dólares que hoy se han multiplicado en 12.700 millones.

La viuda también heredó esos ‘juguetes’ que les da prestancia a los más ricos. Para surcar los mares en sus viajes de placer Jobs diseñó, junto al francés Philippe Starck, el yate Venus, de casi 80 metros 

de eslora y cuyas líneas evocan de cierto modo las de los aparatos tecnológicos cuya creación Jobs lideró en Apple. La nave hoy está valorada en 138 millones de dólares y solo estuvo lista en 2012, un año después de la muerte del genio de la informática.

Su marido no le dejó a Laurene uno sino dos jets privados: un Gulfstream G650, modelo 2013, que hoy cuesta 58,8 millones de dólares, y un Gulfstream G-V, de 1999, y cuyo precio asciende a 9,95 millones de dólares.

Laurene y los tres hijos que tuvo con Steve, Erin, Eve y Reed, siguen viviendo en la casa de Palo Alto, California, que compartieron con él. Ubicada en el epicentro de las mayores firmas de la tecnología, la mansión está adornada con paisajes del pintor Wayne Thiebaud, fotografías de Ansel Adams, tapetes navajos y canastos de otras culturas nativas de Estados Unidos. Aparte de la acogedora cocina, lo que Laurene más aprecia de la propiedad son sus jardines, donde además de lavandas, olivos y caquis, cultiva seis colmenas, con las cuales se ha convertido en una experta en las abejas.

Business Insider asegura que además de esta residencia, de un hondo valor sentimental, Laurene Powell Jobs es dueña de dos propiedades en Woodside, un pequeño pueblo de California que también acoge a la élite de Silicon Valley y una de las comunidades más ricas de Estados Unidos. Las dos casas valen en total 17,5 millones de dólares. En 2015 Laurene adquirió otro terreno de algo más de una hectárea en la playa de Malibú.

La fortuna de esta Estadounidense de 53 años también está compuesta por dinero en efectivo y activos líquidos provenientes de transacciones en bolsa, dividendos, inversiones, salarios y bonos recibidos en el pasado. Porque si bien Jobs la hizo inmensamente rica, ella ya era una prometedora empresaria cuando se enamoraron.

Laurene Powell, definida por sus amigos como una idealista sin ironías, nació y se crió en una casa al filo de un bosque en West Milford, Nueva Jersey. Hija de una maestra y un piloto, estudió dos carreras al mismo tiempo en la University of Pensilvania, Negocios y Economía. Luego trabajó en Wall Street para firmas prestigiosas como Merryll Lynch y Goldman Sachs. A finales de los 80 se matriculó en un MBA en la Universidad de Stanford, donde conoció a Jobs cuando él fue a dar una conferencia.

El flechazo fue inmediato y se casaron en Yosemite, en 1991. Para ese momento ella había fundado Terravera, una empresa de alimentos completamente naturales, a la que siguió el proyecto College Track, que ayuda a jóvenes de escasos recursos a llegar a la universidad.

Y es justamente esa pasión por la educación a la que dedica su labor filantrópica, tan importante, que es considerada hoy una de las figuras claves en el futuro de este campo en Estados Unidos. Actualmente promueve un proyecto para transformar los colegios de bachillerato y financia además los esfuerzos a favor de los inmigrantes y las minorías en la nación del norte. Es, así mismo, una de las mayores patrocinadoras de la precandidata demócrata Hillary Clinton.

Es regla en su casa que todos estén allí a la hora de la cena, como le gustaba a Steve, a quien le guarda aún una devoción que, sin embargo, no la ha inhibido de darse una nueva oportunidad en el amor con el ex alcalde de Washington D.C., Adrian Fenty.

 

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